Domingo, 20 de Octubre de 2019

Opinión

Elegir la mejor parte. Décimo sexto domingo del año. Lucas 10, 38-42.

P. Luis Alarcón Escárate

Vicario de Pastoral Social Párroco de Hualañé y de La Huerta del Mataquito

“Jesús entró en un pueblo, y una mujer que se llamaba Marta lo recibió en su casa. Tenía una hermana llamada María, que, sentada a los pies del Señor, escuchaba su palabra. Marta, que estaba muy ocupada con los quehaceres de la casa, dijo a Jesús: ‘Señor, ¿no te importa que mi hermana me deje sola con todo el trabajo? Dile que me ayude’. Pero el Señor le respondió: ‘Marta, Marta, te inquietas y agitas por muchas cosas, y, sin embargo, una sola cosa es necesaria. María eligió la mejor parte, que no le será quitada’”.


Después de un arduo trabajo misionero, Jesús, llega a la casa de una familia amiga. Es el hogar de Lázaro y sus hermanas Marta y María. Es Betania, reconocido hoy como aquellos espacios de relajación para quienes dedican grandes tiempos de tarea en bien de los demás.
Jesús se encuentra en un espacio de confianza, de amistad, de compartir sin apuro la vida de cada día de esos amigos. Seguramente también para responder las preguntas que ellos les hacen y sin el apuro de tener que salir o de estar cumpliendo una tarea.
Pero se encuentra con dos expresiones de acogida: una que se desvive por atender bien a la visita y se pone a cocinar, a limpiar, a tener todo en orden para que se sienta a gusto quien ha llegado a verlos. La otra tiene únicamente ojos y oídos para el recién llegado. Le escucha atentamente y además le preguntará cosas de lo que hace. Lo que ha oído a otros que Jesús realiza en sus misiones por el país. Seguramente será una gran admiradora de su obra y de su persona.
Creo que ambas reflejan lo que somos todos. Es muy necesario el escuchar a Jesús profundamente, entender de sus labios lo que le mueve en la vida. Saber de su Padre y de lo que realiza en cuanto a la construcción del Reino. Si no nos sentamos a escuchar a Jesús puede ocurrir que luego nuestro actuar sea errado. Y tratamos de interpretar lo que Dios quiere según la interpretación y no con la verdadera intención que contiene su acción.


Y luego, es importante que aquello que hemos aprendido, lo intelectual lo sepamos llevar a la práctica con responsabilidad y con un cabal conocimiento de la sociedad en la cual vivimos, con un conocimiento de la cultura y de los signos que son importantes en ese ambiente.
Marta realiza una hermosa labor de mantención de la casa, pero es un pésimo signo de acogida a la persona de Jesús. María no se preocupa de lo más material, pero mantiene el cariño de Jesús por ese hogar que lo recibe primero con su corazón.


Nuestro error, muchas veces, es que nos dedicamos a pensar en tareas que realizar. Pero no somos una ONG, hay otros que deben dedicarse a los arreglos de tipo material. Nuestro aporte al mundo es signo de la amistad profunda de Dios por los hombres.
Cuando vamos a misionar a cualquier comunidad rural o urbana, la gente se acuerda siempre de que el misionero pasó a tomar té a la casa, estuvo con nosotros. No se acuerdan tanto de la capilla que hicieron o la plaza que limpiaron. Sepamos elegir la mejor parte.

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