Domingo, 20 de Octubre de 2019

Opinión

“Es vergonzoso regatear el tiempo en la escuela”

Juan Carlos Pérez

Licenciado en Historia. Egresado de Derecho.

¿Conoce el Lector de un homenaje que los usuarios de algún puente dediquen al ingeniero que lo levantó? ¿Sabe de alguna ofrenda que los pacientes de un dentista hayan dedicado al odontólogo? ¿Conoce algún caso, siquiera uno, en que los usuarios y habitantes de un edificio rindan homenaje al arquitecto que lo diseño? A los médicos se les agradece, mas no se les festeja la sanación, ni a los contadores se les reverencia con fervor por hacernos un balance. A los kinesiólogos, que yo sepa, no les rinden tributo sus pacientes por una vida dedicada a las terapias. A los abogados, sospecho, nunca les han hecho un sentido reconocimiento sus numerosos clientes.


Pero a los profesores sí.
He asistido, incluso me ha correspondido recibir humildemente, sentidos y sinceros homenajes que alumnos hacen a sus maestros. Reconocimientos explícitos, genuinos y conmovedores por la enseñanza impartida, por los consejos oportunos, por las respuestas ofrecidas, por la formación entregada.
Muchos hemos tenido, ojalá también lo haya tenido el Lector, algún maestro que mereciera, en toda su amplitud, ese nombre. Alguien cuya enseñanza fue más allá del programa, de la clase o del temario. Alguien que destinó el recreo o la hora libre para explicarnos, otra vez, aquello que no lográbamos entender. Muchos tuvimos profesores cuya claridad de ideas o dominio temático nos parecía admirable. Y conocimos a varios que iban más allá. Más allá de la materia, de la asignatura o del programa. Aquellos que, sin mediar mucha explicación, percibían nuestras dudas e incertidumbres y nos ayudaban a resolverlas.
Maestros, y maestras, por cierto, sabios, severos, exigentes, justos, honestos, comprensivos, sensibles, respetuosos, cordiales. Los hubo en nuestra Escuela, en el Liceo, en la Universidad. Los hay aún.
Todas las reflexiones anteriores, a propósito de unos pensamientos, compartidos hace décadas por Gabriela Mistral. Dijo una vez la poetisa: “Como los niños no son mercancía, es vergonzoso regatear el tiempo en la escuela. Nos mandan instruir por horas y educar siempre. Luego, pertenecemos a la escuela en todo momento que ella nos necesite”. Y en otra ocasión señaló: “Hoy los alumnos llegan a considerar a sus profesores como simples empleados encargados de instruirles…”


Hoy, cuando parte del gremio docente, convocado por el Colegio que agrupa a algunos de ellos, vota la continuidad o cese del paro que iniciaron hace casi dos meses, creo oportuno considerar lo dicho por la insigne profesora que, antes que poetisa, fue Gabriela Mistral. Qué triste sería que nuestros alumnos nos consideraran como meros empleados encargados de instruirles. Como los dentistas, contadores o ingenieros. Que nos vieran como trabajadores igual que tantos otros, que laboran ciertas horas a cambio de cierta paga. Sordos a las necesidades evidentes e imperiosas de tantos miles de niños y jóvenes, regateando el tiempo en la escuela e ignorando que el profesor pertenece a ella y se debe al alumno en todo momento en que le necesite.

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