Martes, 21 de Mayo de 2019

Opinión

La rebelión femenina

Rodolfo Schmal S.

Contra viento y marea, el movimiento en favor de la no discriminación contra la mujer, por la igualdad de derechos, avanza inexorablemente. Este 8 de marzo, tanto en Chile como en el mundo, se llamó a participar activamente en una huelga feminista, que buscó incluir a los trabajos remunerados, la de los trabajos no remunerados como lo es el de las tareas domésticas vitales para el mantenimiento del hogar y que en muchos casos deben asumir solas las mujeres como jefes de hogar, sin el acompañamiento de la pareja. 

No se trata de que dichas tareas, las domésticas -lavar, planchar, cocinar, hacer el aseo, llevar a los niños a los colegios- no se realizaran ese día, sino que no fueran realizadas por las mujeres. La idea es que ese día fueran ejecutadas por los varones, para ver si logramos entender de qué se trata la rebelión femenina. Lo menos que podíamos hacer los varones, era apoyar esta huelga por la vía de hacer lo que las mujeres suelen hacer todos los días y que nosotros debiésemos realizar no solo ese día u ocasionalmente, sino que alternativamente de común acuerdo o regularmente junto con ellas. La idea es que la responsabilidad sea compartida, distribuida, no exclusiva de la mujer. ¿Es mucho pedir?
También fue una huelga de consumo, donde al menos las mujeres se abstuvieran de consumir lo que no fuera imprescindible ese día, y reducir al mínimo el gasto en bienes y servicios. La idea es que se sienta, se reflexione sobre el peso, la fuerza, el valor que tienen las mujeres en la sociedad, y particularmente para que ésta sea una sociedad más humana, más sostenible.
También fue una huelga laboral, lo que implicó dejar de efectuar trabajos remunerados, allí donde la mujer está contratada, sean estas empresas productivas, establecimientos comerciales o de servicios, públicos o privados.
El propósito que se perseguía era que ese día las mujeres se ausentaran físicamente para que se tome conciencia de que estamos bajo un sistema marcado por una impronta fuertemente patriarcal. Esto se expresa diariamente y en los más diversos estratos socioculturales, en violencia machista tanto explícita como implícita, física como psicológica. Se ejemplifica en contratos laborales más precarios, en limitaciones para su desarrollo profesional, en discriminaciones salariales, mayores niveles de pobreza, mayor vulnerabilidad, menores pensiones, inseguridad, desigualdad.
Es innegable que en relación a décadas atrás, se registran avances, sin embargo, aún falta mucho por hacer de nuestra sociedad más igualitaria en términos de género. Las nuevas generaciones parecen entenderlo mejor que las viejas, así como a nivel ideológico, la derecha tiende a resistir los embates feministas mucho más que la izquierda, la que tiende a respaldar la reducción de las desigualdades en el plano cultural y laboral.
Se equivocó el gobierno al visualizar la huelga como una convocatoria de un sector de la oposición. Fue una convocatoria de todo un país, de todo un mundo que aspira vivir en una sociedad más humana. Pero como ha sido habitual, la derecha llega atrasada cuando se trata de abordar estas materias. Basta tan solo recordar que la participación de la mujer en la sociedad, más allá del hogar, no fue impulsado por la derecha, muy por el contrario. Por ello no debe extrañarnos su reacción, mal que mal, suelen remar a contracorriente. Para la derecha se trata de banderas de izquierda, hasta que les cae la teja, y cuando ello ocurre, recién entonces las asumen como banderas transversales, cuando ya no les queda otra.
Si se aspira a más democracia, a más desarrollo, necesariamente necesitamos menor desigualdad de género, mujeres más empoderadas. A los hombres nos vendría muy bien.

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